1984, Traducción de Jesús Isaías Gómez López
La edición de 1984 de la editorial Cátedra (Grupo Anaya, 2024) cuenta con la traducción, introducción y notas de Jesús Isaías Gómez López. Con esta introducción y notas, es la edición más extensa de 1984 traducida al español. Jesús Isaías es también traductor de la poesía completa de Orwell, reunida en un librito de la editorial Visor Libros. Asimismo, es traductor de Aldoux Huxley, entre otros. Jesús Isaías hace interesantes reflexiones y es crítico con las traducciones de Orwell al español. Por ejemplo, la obra “Sin blanca en París y en Londres” él considera mejor traducción “De vagabundo por París y Londres”, “Que no muera la aspidistra”, cuyo título más fiel considera “Que siga ondeando la aspidistra”, o “Subir a respirar”, que también se ha traducido como “Subir a por aire”, aunque Jesús Isaías prefiere llamarla “Tomando un respiro”.
“En las novelas de Orwell no abundan -o más bien podríamos afirmar que apenas existen- personajes femeninos inteligentes”, reflexiona Jesús Isaac sobre el personaje de Julia. Aquí tenemos uno de los pilares centrales de la ideología moderna, que ha pretendido hacer tabula rasa de toda la literatura que no conviene a su política. En este sentido cabría decir también que Orwell tuvo ideas, a veces estereotipadas y a veces abiertamente contrarias, por ejemplo con los judíos y los homosexuales. Orwell muestra siempre una imagen, decimos, estereotipada de los judíos, cuando no abiertamente en contra de la homosexualidad, llegándola a colocar, por ejemplo en “1984” junto a “otras perversiones sexuales”. Sin embargo, es bien conocido que uno no puede leer literatura si no se despoja de prejuicios. Las contradicciones de Orwell son siempre lo que más me ha interesado de su figura, por mucho que se le quiera presentar en la actualidad como a una figura clarividente. Dorian Lynskey en su obra “El ministerio de la verdad” ya lo menciona: “nunca se planteó su homofobia instintiva, ni su rechazo irreflexivo del feminismo”.
El traductor asegura que en la “Teoría y práctica del colectivismo oligárquico”, el libro prohibido en Oceanía, se advierte de “la degradación total de la ciencia hasta el punto de dedicarse fundamentalmente producir armas y sistemas de vigilancia; a fomentar la xenofobia…” Sin embargo en el mismo libro Orwell nos dice: “Tampoco hay discriminación racial… en los rangos más altos hay judíos, negros y sudamericanos de pura sangre india”, aunque más adelante leemos “es absolutamente necesario para su estructura bueno haya contacto con extranjeros, salvo, hasta cierto punto, con prisioneros de guerra y esclavos de color”. Orwell, al igual que otros muchos escritores de su época y anteriores, como Oscar Wilde, incurren en descripciones estereotipadas de judíos malvados y feos. Su libro “Sin blanca en París y Londres” esta lleno de referencias negativas hacia los judíos: “El tendero era un judío pelirrojo, un hombre muy desagradable que se encolerizaba al ver llegar a un cliente”. Otro ejemplo: “ el judío me ha contado que va a robar unas magnetos del garaje donde trabaja”. La famosa escena de “1984” en la que Winston relata una película en donde el público se divierte mientras una población es masacrada incluye una mujer “sentada en la proa con un niño de unos tres años en brazos”. Orwell escribe que “bien podría ser judía”. Lo que no sabemos es cómo podemos llegar a esa conclusión, si por una cuestión física o religiosa. Para el traductor, en la nota 24, no hay duda de que se trata de una persecución por ser judía y opina que Orwell tuvo presente “la persecución de los judíos por el partido nazi durante los años treinta y la Segunda Guerra Mundial”. Según Jesús Isaías Gómez, Orwell pensó también en la persecución llevada por la Unión Soviética contra los judíos entre los años 1945 y 1985. Aunque esto último es harto difícil ya que dicha persecución, intensificada desde 1953 (es decir, con Orwell ya muerto) se conoció en Occidente bastante más tarde.
Jesús Isaías Gómez menciona en su introducción que la madre de Winston “representa el verdadero amor y el compromiso familiar de una época y liquidada que ya no tiene cabida en su mundo actual”. Efectivamente, la madre de Winston es mencionada por éste a menudo durante el libro. Incluso, una vez detenido Winston, comparte detención con una prostituta, que también se llama, Smith que afirma: “¡Anda, si podría ser tu madre!”. El traductor nos lleva a una nota en la que dice: “La aparición de la estereotipada prostituta proletaria añade cierto toque de humor negro al capítulo, cuando Winston tiene la impresión de que podría ser su madre”. Pero ¿se trata realmente de su madre? Orwell dejó la duda abierta a propósito.
Con respecto a la neolengua, Jesús Isaías Gómez incluye una cita de Andrei Reznikov en su libro “George Orwell´s Theory of Language” en el que afirma “No hay duda de que cualquier otro idioma usado durante un tiempo por un régimen totalitario, español, chino, albanés, y muchos otros, aportará más pruebas de que Orwell tenía razón”. Bien, imagino que Reznikov se refiere al “español” durante el régimen de Francisco Franco. Sin embargo, yo nunca he visto mencionado esto en ningún estudioso o traductor de Orwell. Las democracias también utilizan el lenguaje de manera política. Yo me atrevería a decir que mucho más que las dictaduras, puesto que éstas al fin y al cabo terminan cayendo y las democracias son significativamente más duraderas. A nadie medianamente sensible se le escapa el bombardeo por parte de los políticos a que nos tienen sometidos con palabras de nuevo cuño que no es necesario mencionar puesto que las sufrimos a diario y gran parte de la población ha incorporado absurdamente.
Otra cuestión que ya he abordado en anteriores ocasiones es el profundo anticatolicismo de Orwell que en “1984” está bien presente. Según Jesús Isaías “es aquí donde se advierte una dura sátira hacia la fe católica en especial, en cuanto a la estructura jerárquica de dicha confesión; en especial, respecto a la autoridad del papa”. Al parecer Orwell no vio nunca los mismos defectos en la Iglesia Anglicana ni en el protestantismo y otras religiones heréticas. En toda la obra de Orwell tan solo hay una crítica obsesiva contra el catolicismo. Ahí Orwell, con lo agudo que fue en cuestiones políticas, no fue capaz de denunciar los mismos desmanes producidos por esas religiones que sí vio en el catolicismo, especialmente en la Inquisición. Por supuesto, siempre que se menciona a la Inquisición, de forma automática, la gente piensa en la Inquisición española por más que ésta fue la más tardía y la más garantista de la época. La Leyenda Negra Española pesa en Orwell como en gran parte de la intelectualidad. El traductor menciona que “Al hilo de esta coincidencia, hemos de recordar que Orwell, en su ensayo ‘Inside the Whale’ (1940), ya había avanzado ciertas similitudes entre el comunismo y el catolicismo”. Veamos los pasajes del ensayo de Orwell:
“Años antes se había producido una suerte de falso amanecer cuando muchos jóvenes intelectuales (Evelyn Waugh, Christopher Hollis y otros), se convirtieron al catolicismo. Es significativo que estas personas optaran de manera invariable por la Iglesia católica romana, no por la anglicana, la ortodoxa griega ni las sectas protestantes. Ingresaron, por así decir, en una Iglesia que contaba con una organización mundial, la Iglesia provista de una disciplina rígida, la que tenía el poder y el prestigio… Era en cierto modo una Iglesia, un ejército, una ortodoxia, una disciplina. Era una patria -al menos a partir de 1935- tenía su Führer. Todas las lealtades y supersticiones que el intelecto en apariencia había prohibido, podían volver en tropel envueltas en una finísima gasa. El patriotismo, la religión, el imperio, la gloria militar… todo ello en una sola palabra: Rusia. El padre, el rey, el jefe, el héroe, el salvador… todo ello en una sola palabra: Stalin. Dios: Stalin. El demonio: Hitler. El cielo: Moscú. El infierno: Berlín. Todas las grietas quedaron selladas. Al fin y al cabo, el ‘comunismo’ intelectual inglés es algo que se explica por sí solo. Es el patriotismo de los desarraigados”.
Jesús Isaías Gómez asegura que el neologismo “negroblanco” “evoca las palabras de san Ignacio de Loyola, el fundador de la Orden de los Jesuitas, cuando afirmase, en la regla decimotercera de sus ‘Apuntes para ejercicios espirituales’, que ‘debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina”. Sin embargo, yo no he encontrado ninguna referencia fiable en cuanto a que Orwell se inspirara en san Ignacio de Loyola. Yo creo que es una semejanza casual. Gordon Bowker, en un artículo publicado por la Orwell Foundation sobre la biblioteca personal de Orwell, enumera los libros que se conservaron después de su muerte. Entre ellos figura un ejemplar titulado “Spiritual Exercises”, impreso en 1943 y relacionado con Osbert Sitwell. Ese título no demuestra que Orwell tuviera los ejercicios ignacianos ni que conociera la regla decimotercera. La regla ignaciana forma parte de las normas para sentir con la Iglesia. Su interpretación y sus límites son objeto de discusión teológica; no sería riguroso reducirla sin más a una defensa de la mentira. Sin embargo, la semejanza formal con la fórmula de Orwell es extraordinaria. La semejanza textual es inequívoca pero la influencia directa no está demostrada. No hay declaraciones de Orwell, cartas o una fuente biográfica que confirme que conocía esa regla.
Las traducciones al español de “1984” han sido muy frecuentes en los últimos años, y es de prever que sigan proliferando. La única traducción en España hasta el año 2013 ha sido la de Rafael Vázquez Zamora. Lógicamente el libro se hizo muy popular en el año 1984. Lo leí por vez primera en 1985. Yo ignoraba que a esa traducción le faltaban párrafos, aunque una vez descubiertos cuáles eran, no me parece que afecten mucho a la comprensión de la novela. Creo que se ha exagerado la cuestión de la censura en la traducción de Rafael Vázquez, aunque sí es cierto que su traducción merecía una puesta al día. La traducción más abundante en la actualidad, que además cuenta con el marchamo de “Edición definitiva avalada por The Orwell Estate”, es la traducción de Miguel Temprano García, realizada en 2013. La primera comparativa de traducción que hice fue, lógicamente, entre Rafael Vázquez y Miguel Temprano. Como la traducción de Miguel Temprano es la hegemónica en las editoriales, el resto de traducciones las he ido comparando con la suya.
De todas las últimas traducciones que he leído, esta traducción de Jesús Isaías Gómez es la más ambiciosa y cuidada de todas. El esfuerzo se ve en la gran introducción y notas que contiene. Jesús Isaías Gómez recoge las palabras de Peter Newark: “un traductor debe tener tacto y gusto para saborear su propia lengua, o un ´sexto sentido´... El sexto sentido, que muchas veces empieza a funcionar durante la revisión final de la traducción, le dice cuándo tiene que traducir literalmente y cuando instintivamente”.
Jesús Isaías Gómez opta por traducir el habla de los proles por una “variante dialectal de la multiplicidad de hablas andaluzas”. Es la primera vez que observo esto en una traducción de “1984”. Me debato entre la aprobación y el desconcierto. Entiendo que Jesús Isaías Gómez ha sido el único que ha plasmado esa diferencia en el habla de los proles, que el mismo Orwell identificó y que no tenemos en ninguna traducción.
Otra novedad en la traducción de Jesús Isáias Gómez es la relativa al número de capítulos de “1984”. Según él, en la edición original de la novela de 1949, la segunda parte consta de nueve capítulos: “Por negligencia, ha habido posteriormente numerosas ediciones en lengua inglesa en las que la escena final del capítulo noveno ha sido considerada como un nuevo capítulo (décimo), confundidas estas ediciones tal vez por el asterisco que Orwell incluye entre las dos últimas escenas capítulo noveno de la segunda parte de la obra y que nosotros, fieles a la edición original, respetamos para la nuestra”. Como bien recoge el traductor, tan solo la traducción de María José Martín, en edición de Akal, 2022 incluye cinco asteriscos y no añade otro capítulo. Otro ejemplo de diferencias es el conocido silogismo “2 + 2=“ que se repite en el último capítulo de la novela y que queda sin el “5”. Como recoge el traductor, tan solo la primera traducción de Rafael Vázquez queda sin el 5. He consultado la traducción más antigua que tengo de la traducción de Rafael Vázquez y, curiosamente pone “2 x 2= 5”, aunque ya en la traducción de Destino libro aparece “2 + 2=“, sin el 5. Jesús Isaías asegura que solo la traducción de Rafael Vázquez “olvidan este importante detalle y añaden un 5”. Pero yo tengo una edición de Omnis en traducción de Hanna Haynes en donde aparece sin el 5. Por cierto que esta edición es la única que elimina las tres partes de la obra para convertirla en 23 capítulos seguidos.
Según Jesús Isaías Gómez, Orwell dejó en blanco la respuesta para que “sea el lector quien lo interprete, solucione o deduzca, al igual que Winston”. En “El ministerio de la verdad” Dorian Lynskey dice que “Hasta ahora nadie ha encontrado pruebas para explicar dicha emisión. Una hipótesis afirma que es solo una errata, aunque se trate de una sospechosamente importante. Otra, que un cajista rebelde, incapaz de aceptar la derrota absoluta, eliminó ese cinco. Una tercera posibilidad es que el propio Orwell hiciera una modificación antes de su muerte. Sea como fuere, esa grieta en el texto deja pasar un rayo de esperanza para Winston y eso altera de forma radical el mensaje de Orwell. En la película de Michael Radford, John Hurt escribe “2 + 2” y se detiene. ‘Creo que esa pausa es necesaria -dijo Radford-. Puede que consiga encontrar una salida. Me habría afectado mucho poner “2 + 2= 5”. Es demasiado sombrío. Se pierde la conexión humana”.
A propósito de los capítulos, la segunda parte consta de diez en prácticamente todas las ediciones, incluida la inglesa. Jesús Isaías Gómez opta por incluir nueve ya que, al parecer, Orwell no puso un capítulo “diez” sino que puso un asterisco, y así es como lo ha dejado el traductor. Según él “la intención de Orwell de añadir el asterisco entre estas dos escenas finales del noveno capítulo no es otra que la de marcar un contrapunto secuencial -a modo de simultaneísmo antitético-, entre la escena anterior, cargada de confianza por parte de Winston, y la siguiente, a modo de de dramática coda final del capítulo entero, con el arresto de Julia y Winston por parte de la Policía del Pensamiento. También añade el traductor que tan solo la traductora María José Martín Pinto ha respetado también este original de Orwell. La veracidad de esto es algo que no me importa mucho. Puede que Jesús Isaías Gómez tenga razón. Pero también pudiera ser que Orwell no se diera cuenta de lo que hizo. Como es sabido, Orwell escribió la novela y la mecanografió en un estado muy lamentable de salud.
Jesús Isaías Gómez asegura que Winston Smith es el fiel alter ego de Eric Arthur Blair (o sea, de Orwell) y Julia de su segunda esposa Sonia Brownell. Yuri Felshtinsky en su biografía corrobora la idea de que Julia está inspirada en Sonia: “Uno de los personajes principales del libro, Julia, está inspirado en Sonia, tal como la veía el escritor”.
El traductor ha incluido una gran variedad de notas al final del libro. En ocasiones las notas dan rienda suelta a la interpretación personal. Por ejemplo, cuando describe la película que Winston ve en donde un barco lleno de refugiados es bombardeado en el Mediterráneo y donde se describe la lucha de una mujer, que Orwell dice que “podía ser judía” y que intenta proteger a su hijo. Jesús Isaías dice en su nota que la escena se “anticipa, muchas décadas antes, una de las mayores enfermedades sociales de nuestros días, como es el tránsito de refugiados e inmigrantes en embarcaciones clandestinas por el Mediterráneo”. Sin embargo, hay importantes diferencias. Mientras que en la escena de Orwell los proles se divierten con la contemplación del sufrimiento, nuestra sociedad observa la inmigración de manera más humana, intentando ayudar en la mayor parte de las ocasiones y contemplando con preocupación semejante masa humana que tampoco puede acoger. Orwell describe a “refugiados” mientras que Jesús Isaías nos habla en su nota de “refugiados e inmigrantes”. Las características de la inmigración actual poco tienen que ver que lo que Orwell vivió en su época. Yo estoy convencido de que Orwell desaprobaría por completo en lo que se ha convertido Gran Bretaña con una inmigración absolutamente incontrolada. No hay mas que observar al protagonista de “Subir a por aire”, George Bowling, que no reconoce nada de lo que ve y que es tan critico con el progreso.
En la nota 47, referente a las bombas voladoras, el traductor tiene un error (imaginamos que involuntario), refiriéndose a las bombas alemanas V “que parecían aviones no tripulados entre los años 1940 y 1941”. Esas bombas, las V1 y V2 estuvieron operativas en los años 1944 y 1945.
Jesús Isaías Gómez hace un descubrimiento cuando Julia dice: “Apuesto lo que sea a que hay chinches”. En inglés chinches es “bugs” y, nos dice el traductor que “bug” también se utilizaba con el significado de “micrófono oculto”. Así que Orwell da a entender la posibilidad de que tras el cuadro haya escondido un micrófono o una telepantalla.
En las relaciones de Winston con O’Brien Miguel Temprano emplea el tuteo, mientras que Jesús Isaías Gómez opta por el tratamiento de usted. Es habitual que los traductores opten por el tuteo, que era el habitual en los comunistas.
También es habitual en las notas del traductor revelar datos futuros de la novela, como cuando Winston intuye que Parsons “nunca sería vaporizado” y Jesús Isaías pone una nota en donde revela que “Winston falla en su pronóstico”. En ocasiones las notas son innecesarias y en otras se trata de aclaraciones personales del traductor. Por ejemplo, cuando Winston es sometido a las torturas de O’Brien Orwell escribe “Pero en algún lugar había un espacio vacío, como si le hubieran extirpado un trozo de cerebro”. El traductor introduce una nota en la que advierte que Winston entra en un proceso de gradual desintegración. Sin embargo, el mismo Orwell, varias hojas adelante, mientras Winston se contempla en un espejo: “Sin duda era su propia cara, pero le pareció que había cambiado más de lo que él había cambiado por dentro”. El término inglés “brainwashing” se popularizó en 1950, es decir, después de que Orwell escribiera su novela. Desde luego, el término de “lavado de cerebro” podía ser real mediante las diferentes torturas que el régimen soviético utilizaba, pero es un mito que existiera una tecnología soviética capaz de controlar de forma absoluta la mente humana. Precisamente esa diferencia entre creer, fingir que se cree y acabar interiorizando lo que uno fingía es uno de los grandes temas de 1984.
“Usted es el último hombre”, le dice O’Brien a Winston. Aquí Jesús Isáias Gómez aclara en una nota que Orwell llamó primero a su novela “El último hombre de Europa”. Pero cuando sugiere que Mary Shelley ya había escrito una novela llamada “El último hombre” en 1826 y que quizá Orwell se inspiró en ella, no podemos albergar sino dudas de que Orwell se inspirara en ese libro, que por otra parte estuvo sin reedición más de un siglo. Convendría haber incluido alguna fuente al respecto.
Con todo, hemos de dar valor a esta edición y al gran esfuerzo del traductor Jesús Isaías Gómez López. Es la edición más completa, con notas acertadas en su mayoría. Se nota que el traductor es admirador de Orwell y de otros autores como Bradbury y Huxley, de quien tradujo también su poesía completa, al igual que la de Orwell, que compré.
Otra cuestión es que el libro de Ediciones Cátedra es una chapuza. Tiene un formato incómodo, es imposible abrir el libro en una página y hacer que se sostenga. La estructura del libro tiende a resquebrajarse. Una pena porque un formato más suave y manejable sería lo aconsejable. La portada tampoco es muy buena ni llamativa. Pero todo esto es ajeno al traductor.
La menstruación de Julia
He reparado en una frase que Jesús Isaías Gómez López aclara en una nota. “Esta vez me ha venido antes”, dice Julia. Y el traductor anota: “se refiere al ciclo menstrual”. Confieso que me quedé helado porque nunca me había dado cuenta de eso debido a las traducciones. Si bien es cierto que Orwell tampoco fue muy explícito en inglés, “It’s started early this time”, las diversas traducciones al español tampoco han sido muy oportunas. Miguel Temprano tampoco parece darse cuenta cuando traduce “Esta vez han empezado pronto”. Uno podía imaginar al trabajo de Julia. Rafael Vázquez directamente no tradujo la frase. Simplemente tradujo “Mañana no podré ir”. Jordi Vidal i Tubau sí se dio cuenta del detalle y tradujo “Esta vez me ha venido más pronto”. Mercedes Guhl lo tradujo como “Esta vez empezó más pronto”. Juan Pascual: “Esta vez ha empezado pronto”.Yenis Ochoa tradujo “Que mañana no podré ir”. Arturo Bray (que pone la escena en el capítulo 3 en lugar del 4): “Mañana por la tarde, que no podré ir”. Javier Calvo: “Esta vez ha empezado antes”. Hanna Haynes: “Ha empezado pronto esta vez”.
La interpretación más sólida es que Orwell se refiere a que Julia ha empezado la menstruación antes de lo previsto. El texto no lo dice literalmente, pero el contexto prácticamente lo confirma. Hay varios indicios muy claros:
- “Oh, the usual reason” Julia dice “el motivo de siempre”. En el contexto de una relación sexual, eso apunta a una circunstancia que se repite periódicamente.
- “It’s started early this time”. El verbo started aparece sin objeto porque, para Julia y Winston, resulta suficientemente evidente qué ha empezado. En inglés “my period has started” es una expresión perfectamente natural para decir que ha comenzado la menstruación.
- Winston entiende inmediatamente que no podrán mantener relaciones sexuales. El narrador añade inmediatamente después que, cuando ella le dice que no puede ir, Winston siente que ella le está “defraudando” o “engañando” porque su deseo sexual hacia ella se ha convertido en una necesidad física.
- La frase decisiva viene inmediatamente después: Winston piensa que, cuando se vive con una mujer, “this particular disappointment must be a normal, recurring event”. Es decir, esa decepción debe ser un acontecimiento normal y recurrente en la vida de una pareja. La alusión a algo que sucede periódicamente es extraordinariamente clara.
- Precisamente entonces se produce un cambio emocional importante en Winston: en lugar de seguir pensando exclusivamente en el sexo, siente una “deep tenderness” hacia Julia y empieza a imaginar que están casados desde hace diez años, viviendo juntos y haciendo una vida cotidiana normal.
“Esta vez han empezado pronto”, de Miguel Temprano, conserva deliberadamente la ambigüedad del original. El problema es que en español “han empezado” queda muy poco natural sin especificar qué ha empezado. “Esta vez me ha venido más pronto”, de Jordi Vidal, hace algo distinto: introduce una expresión española que prácticamente obliga al lector a entender que se habla de la regla. Es mucho más explícita que Orwell. Y “esta vez me ha llegado antes”, de Jesús Isaías Gómez queda en un punto intermedio. Su nota explicativa tiene sentido porque llegar en ese contexto puede entenderse como “me ha venido la menstruación”, aunque la frase por sí sola conserve cierta ambigüedad.
Hay una razón literaria para que Orwell no escribiera simplemente “my period has started”: el lenguaje entre Julia y Winston esta condicionado por la clandestinidad. Están hablando en plena calle y no pueden permitirse conversaciones explícitas.
Así que hay que distinguir entre dos afirmaciones: ¿Lo dice Orwell explícitamente? No. ¿Orwell pretendía que el lector entendiera que Julia estaba menstruando? Casi con seguridad, sí.
Lo que parece una cuestión menor, de la que yo nunca había reparado debido a las traducciones, resulta que se puede indagar algo más: cuando Winston ve a Julia en la calle, Orwell dice que “she was paler than usual” (“estaba más pálida de lo habitual”). No demuestra por sí solo que esté menstruando, naturalmente, pero contribuye a la construcción de la escena.
¿Qué traductor reproduce mejor el efecto literario de Orwell? Yo me inclinaría por Jordi Vidal: “Esta vez me ha venido más pronto”. Colocaría muy cerca a Jesús Isaías Gómez López precisamente por la combinación de “esta vez me ha llegado antes” y la nota explicativa.
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