Orwell, o la energía visionaria - Umberto Eco


Orwell, o la energía visionaria 
(Prólogo de Umberto Eco, enero de 1984)

Casi por casualidad Eric Arthur Blair decidió elegir, como nom de plume , el de George Orwell (tras haber descartado H. Lewis Allways, Kenneth Miles y P. S. Burton). Casi por casualidad decidió titular su novela Nineteen Eighty-Four . Al parecer había estado considerando también 1980 y 1982, y se dice que finalmente el título surgió al invertir la fecha de 1948, año en que el escritor redactó la última versión de la novela. Orwell buscaba un futuro lo suficientemente lejano para poder situar en él una historia que hoy en día calificaríamos de ciencia ficción o, mejor aún, una utopía negativa, pero suficientemente cercano para que se cumplieran los temores que realmente le inquietaban, es decir, que antes o después realmente tuviese que suceder algo semejante.

    Pero por casual que fuera la elección de la fecha, también la casualidad, una vez que ha dado origen a un hecho, instaura una necesidad, de modo que una vez llegados al fatídico 1984, ya no podemos sustraernos a los fantasmas que esta fecha evoca. Forman parte de nuestro imaginario colectivo.

    El semanario Time , que en noviembre de 1983 dedicó a Orwell su portada, enumeraba en tono alarmado la enorme cantidad de congresos, seminarios, artículos, ensayos y documentales de televisión que se estaban acumulando en espera del fatídico 1 de enero. Anunciaba una nueva edición crítica de las obras de Orwell, la colocación de una escultura de cera en el museo Tussaud, una decena de congresos en los que iban a participar desde fans de la ciencia ficción hasta el Instituto Smithsoniano y la Biblioteca del Congreso, la publicación de un Calendario 1984 destinado a documentar «la erosión de las libertades civiles en América», y terminaba temiendo la comercialización de camisetas del doblepensamiento y de una barbacoa a lo Hermano Mayor.

    Hoy sabemos lo que es la emoción de las celebraciones, y las modas no pueden sustraerse a la fascinación de centenarios, bodas de oro y conmemoraciones de difuntos. Pero si tanta locura rodea a este hecho que no sabríamos definir en términos de una celebración codificable (¿cumpleaños, nacimiento, vencimiento, cita?), no es por razones frívolas. El terrible libro de Orwell ha marcado nuestro tiempo, le ha proporcionado una imagen obsesiva, la amenaza de un milenio bastante cercano, y diciendo «vendrá un día…» nos ha implicado a todos en la espera de ese día, sin permitirnos tomar la distancia psicológica necesaria para preguntarnos si el 1984 no ha ocurrido hace ya tiempo.

    Ciertamente, son muchos los que han leído este libro como la descripción de un presente, y en este caso como una sátira —así la definió en realidad Orwell, aunque se trata de una sátira sin alegría— del régimen soviético. Es más, en cuanto salió el libro suscitó reacciones opuestas, apasionadas y discordes, y todas más o menos miopes. Unos lo interpretaron como un providencial panfleto de apoyo a la guerra fría, otros como un libelo conservador (olvidando que Orwell se consideró socialista hasta el final), otros —por las mismas razones, pero de signo ideológico opuesto— consideraron a Orwell un lacayo del imperialismo, y hubo quien insistió en la honestidad de ese anarquista herido por la terrible experiencia sufrida como voluntario en la guerra de España, donde el grupo en el que militaba fue expulsado sin piedad por las formaciones comunistas. Así que este torbellino de pasiones ha impedido durante mucho tiempo leer este libro sine ira et studio , para decidir de qué hablaba realmente.

    Digamos también que el libro tiene muy poco —aunque ese poco es muy importante— de profético. Al menos las tres cuartas partes de lo que explica no es utopía negativa, es historia.

    El libro apareció en 1949, y en aquella fecha no hacía falta tener espíritu profético (a lo sumo, y para un socialista convencido, coraje y lealtad intelectual) para hablar del Hermano Mayor y de su archienemigo, el heresiarca judío Goldstein. La lucha Stalin-Trotski, las grandes purgas, la enciclopedia soviética que reivindicaba para los científicos rusos los grandes descubrimientos científicos del siglo, la atribución al dictador de todas las gestas históricas que habían conducido al triunfo del régimen, incluso la corrección continua de la historia (uno de los hallazgos más populares y estremecedores de la novela): todo esto era ya crónica, aunque eliminada. Tampoco podemos olvidar que en 1940 ya había aparecido El cero y el infinito de Koestler.

    Pero Orwell no solo se estaba recuperando de su decepción como revolucionario y combatiente traicionado, sino que era un inglés que vivía el final de la Segunda Guerra Mundial y la victoria sobre el nazismo: muchas de las atrocidades que se celebran en Oceanía recuerdan costumbres y ritos nazis; piénsese en la pedagogía del odio, en el racismo que separa a los miembros del partido de los «proles», en los niños reunidos en una especie de Hitlerjugend y educados para espiar y para denunciar a sus padres, en el puritanismo de la raza elegida para la que el sexo es únicamente un instrumento eugenésico…

    Lo que hace Orwell no es tanto inventar un futuro posible pero increíble, como realizar una labor de collage sobre un pasado absolutamente creíble porque ya ha sido posible. E insinuar la sospecha (tal como sugiere que los regímenes de los tres superestados en guerra continua sean sustancialmente iguales) de que el monstruo de nuestro siglo es la dictadura totalitaria y que, con respecto al mecanismo fatal del totalitarismo, las diferencias ideológicas en el fondo cuentan muy poco. Así interpreta 1984 , por ejemplo, Bertrand Russell.

    Esta es sin duda una de las buenas razones que han convertido el libro en un grito de alarma, una llamada de atención y una denuncia, y es también por esto por lo que el libro ha fascinado a decenas de millones de lectores en todo el mundo. Sin embargo, creo que hay otra razón, más profunda. Y es que a lo largo de casi cuatro décadas (las que nos separan de la publicación de 1984 ) se ha ido abriendo paso la impresión de que el libro, si bien por un lado hablaba de lo que ya había sucedido, por el otro, más que hablar de lo que podría suceder, hablaba de lo que estaba sucediendo.

    Tómese el indicador más evidente y luminoso: la televisión. Baird proyecta su primer televisor en 1926, las primeras transmisiones experimentales se realizan hacia 1935, en Inglaterra y en América se empieza a hablar de televisión no experimental después de la guerra; de modo que Orwell pone en escena algo que todavía no es un instrumento de masas pero que ya existe, y no está haciendo ciencia ficción. Que a través de los nuevos medios de comunicación se pudiese recibir adoctrinamiento no era una utopía negativa: la filosofía goebbelsiana de la radio como instrumento de propaganda y de control ideológico ya había sido ampliamente discutida; Adorno y Horkheimer comienzan la Dialéctica de la Ilustración en 1942; y de los prodigios tecnológicos como instrumentos de opresión ya había hablado (¡en 1932!) otro extraordinario libro, Un mundo feliz , de Huxley.
    Pero lo que en Orwell resulta nuevo y profético no es la idea de que con la televisión podemos ver a personas distantes, sino la de que personas distantes pueden vernos a nosotros. Es la idea del control a través del circuito cerrado, que se pondría en práctica en las fábricas, en las cárceles, en los locales públicos, en los supermercados y en las comunidades fortificadas de la burguesía acomodada; es esta idea (a la que hoy ya estamos acostumbrados) la que Orwell agita con energía visionaria. Y a causa de esas ideas, que la historia ha ido confirmando día a día, los lectores han seguido interpretando 1984 como un libro sobre la actualidad, más que como un libro sobre futuribles. Orwell nos hizo narrativamente evidente lo que solo más tarde Foucault nos descubriría como la idea benthamiana del Panóptico, un centro penitenciario donde el que está encerrado puede ser observado sin poder observar. No obstante, Orwell sugiere anticipadamente algo más: la amenaza de que el mundo entero se convierta en un inmenso Panóptico.

    Entonces descubrimos el alcance de la utopía negativa de Orwell y descubrimos por qué —y a muchos les habrá parecido puro pasotismo— el escritor nos recuerda que no hay diferencias entre el régimen de Oceanía, el de Eurasia y el de Estasia. La sátira de Orwell no solo va dirigida contra el nazismo y el comunismo soviético, sino contra la propia civilización burguesa de masas.

    De hecho, ¿dónde se producirá una situación en que a la clase dirigente se le imponga un severo control de su moralidad sobre la base de criterios de eficiencia, mientras a la clase sometida, los «proles», se les deja amplia libertad de desenfreno, incluidos no solo la libre expresión del sexo sino incluso su incentivo programado a través de la pornografía industrializada? No son los pobres del régimen soviético (opuestos a la Nomenklatura) los que pueden ver las películas porno: son los marginados de los países capitalistas —con la diferencia, ciertamente no secundaria, de que estos comen, visten y beben mejor que los «proles» de Oceanía.

    ¿Y dónde se ha desarrollado el Newspeak , la nuevalengua, que reduce el léxico y la sintaxis para reducir la riqueza de las ideas y de los sentimientos? Los países socialistas han desarrollado una lengua estándar de la ideología y de la propaganda, hecha de eslóganes y frases hechas, pero si bien esta lengua tiene la misma finalidad de la nuevalengua orwelliana, no posee su estructura gramatical. La nuevalengua se parece mucho más a la lengua de los concursos televisivos, de la prensa popular anglosajona y de la publicidad. Muchas de las palabras que Orwell presenta en el breve tratado de lingüística que figura a modo de apéndice a su obra (aunque solo se lean en la adaptación del traductor pero, a primera vista, la impresión, mutatis mutandis , es la misma que se tiene con un simple cotejo con el original) parecen salidas de la publicidad televisiva, se asemejan a las palabras que dirigen diariamente al ama de casa y al niño los vendedores de felicidad con vales de regalo. Me pregunto qué diferencia hay entre palabras como infrío, dobleplusfrío, viejopensar y barrigasentir (nuevalengua), y «inlimitado», «dhulicioso», «chocobueno» o «refrescancia»…

    Y finalmente (gran idea de Goldstein), Orwell anticipó no solo la división del mundo en zonas de influencia con alianzas cambiantes según los casos (¿con quién está hoy China?) —idea que ya se podía extraer de las crónicas de Yalta—, sino que vio lo que realmente está sucediendo hoy: que la guerra no es algo que estallará, sino algo que estalla todos los días, en áreas determinadas, sin que nadie piense en soluciones definitivas, de modo que los tres grandes grupos en conflicto puedan lanzarse advertencias, chantajes e invitaciones a la moderación. Ciertamente, muere gente, e incluso esas muertes se contabilizan, de modo que la guerra pasa de ser epidémica a endémica. Pero en último término tiene razón el Hermano Mayor, «la guerra es paz». La propaganda de Oceanía por una vez no miente: dice una verdad tan ultrajante que nadie consigue entenderla.

    Orwell va mucho más allá de una simple sátira del estalinismo: de hecho, para él no es en absoluto necesario que el Hermano Mayor exista realmente. Sí era todavía necesario que Stalin existiese; Andropov, no, y (mientras escribo) algún diario insinúa que tal vez esté muerto, o postrado en una silla de ruedas; sin embargo, es completamente irrelevante que recobre la salud o que se celebren sus exequias en la plaza Roja. El problema es que al fin y al cabo también es irrelevante quién sea el presidente de Estados Unidos o quién mande realmente en China (con independencia de las distintas técnicas que cada potencia elabora para obtener el consenso interno). Orwell intuyó que en el futuro-presente del que habla se despliega el poder de los grandes sistemas supranacionales y que la lógica del poder ya no es, como en tiempos de Napoleón, la lógica de un hombre. El Hermano Mayor sirve porque también es necesario tener un objeto de amor, pero basta que sea una imagen televisiva.

    Todo esto explica la fascinación que ejerce esta novela, aunque —y creo que en este momento se puede decir sin miedo a ser tachados de antiorwellianos— no se trata en absoluto de una obra maestra de la literatura. Su moralismo es más proclamado en voz alta que afirmado con los hechos, el estilo no supera al de una buena novela de acción y sin duda Le Carré, desde un punto de vista narrativo, lo haría hoy mejor. Todo en la obra, hasta sus páginas más fascinantes, nos recuerda algo ya visto, y piénsese, solo a modo de ejemplo, en Kafka. Las páginas dedicadas a la tortura, al sutil vínculo de amor que une al torturado y al torturador, ya las hemos leído en algún otro sitio, por lo menos en Sade. La idea de que la víctima de un proceso ideológico no solo ha de confesar sino que ha de arrepentirse, convencerse de su error y amar sinceramente a sus torturadores e identificarse con ellos (y que solo entonces vale la pena matarla), Orwell nos la presenta como si fuera nueva, pero no lo es: es una práctica constante de todas las inquisiciones que se respeten.

    Sin embargo, en un determinado momento, la indignación y la energía visionaria dominan al autor y le hacen ir más allá de la «literatura», de modo que Orwell no escribe tan solo una obra narrativa, sino un cult book , un libro mítico.

    Las páginas sobre la tortura de Winston Smith son terribles, tienen justamente una grandeza de culto, y la figura de su torturador nos corta la respiración, porque también lo hemos visto en algún otro sitio, aunque sea disfrazado, y en cierto modo ya hemos participado en esta liturgia, y nos tememos que de repente el torturador se revele y aparezca a nuestro lado, o delante de nosotros, y nos sonría con infinita ternura.

    Y cuando Winston finalmente, apestando a ginebra, llora contemplando el rostro del Hermano Mayor, y lo ama sinceramente, nos preguntamos si también nosotros estamos amando (bajo cualquier imagen) nuestra Necesidad.
    Aquí ya no estamos (solo) ante lo que habitualmente reconocemos como «literatura» e identificamos con la buena escritura. Aquí estamos, repito, ante energía visionaria.


    Y no todas las visiones se refieren al futuro, o al Más Allá.

Prólogo de Pedro Lain Entralgo - 1984



El resonante éxito mundial de la novela 1984, de George Orwell (Eric Arthur Blair, según el registro civil), se debe en primer término a su contenido, más también a la actitud mental y al modo literario, tan profundamente ingleses, con que ese contenido ha llegado a ser obra de ficción. 

No es un azar que el sentido literario de la palabra “humor” haya sido tomado del inglés en todos o casi todos los idiomas cultos; y no lo es porque, pese a los eruditos esfuerzos dialécticos del Pirandello joven, escritores ingleses han sido los protagonistas de la adición de ese sentido literario al puramente médico y psicológico que el término latino humor poseyó durante la Antigüedad y la Edad Media. Dejemos ahora el arduo problema de la definición y la teoría del humor. Sin entrar en él -aquel a quien de veras interesa el tema, vea el penetrante y documentado libro de C.Fernández de la Vega-, tres cosas me atrevo a afirmar que el humorismo puede adoptar dos formas principales, complementaria y polarmente relacionadas entre sí, la melancólica y la irónica; que en las dos, dejando aparte la singularísima y cimera figura de Cervantes, han descollado soberanamente escritores británicos; y que entre ellos, como brillante artífice de este lado irónico del humor, hállase el autor de 1984.

Antropológicamente considerado, ¿en qué consiste el modo irónico del humor? A mi juicio, en menospreciar burlesca o acremente la condición humana desde una muy positiva y secreta estimación de ella y, por lo tanto, desde un medular gusto or la vida de cada día. La parte de Los viajes de Gulliver en que se describe la estancia del héroe del relato en el País de los Caballos podría servir de claro y alto ejemplo. Pues bien, esa misma actitud anímica de Jonathan Swift, ese simultáneo y redomado decir: “¡Qué cosa miserable y qué gran cosa es esto de ser hombre!”, constituye una de las claves más centrales de 1984. Pronto veremos cómo. 

No menos inglesa que el cultivo del humorismo irónico es otra de las notas estilísticas o modales de 1984; la afición a jugar intelectualmente con el tiempo, bien admitiendo por modo de ficción que el espíritu humano puede actuar en la tierra más allá del “antes” y el “después” de los relojes y los calendarios -dos títulos a modo de ejemplo: Time and the Conways y Berkeley Square-, bien imaginando entre bromas y veras, a la postre el juego, lo que en la singular circunstancia geográfica o histórica inventada por el narrador podría ser la vida humana: ahí están para demostrarlo, los hombres de Swift, Defoe, Lewis Carroll, H.G. Wells, Aldous Huxley y Red Bradbury; y ahí, exactamente en la misma línea, este George Orwell que en 1949 se lanzó a imaginar con humor irónico -y hasta con humor sarcástico- lo que treinta y cinco años más tarde, en un mundo ya totalmente socializado y tecnificado, podrían ser Londres e Inglaterra. 

Pero entremos resueltamente en el contenido de la novela y tratemos de entender con alguna profundidad los problemas que plantea esa inventada vida en “Ingsoc”, cuando este país sea una pequeña parte de Oceanía, y Oceanía una de las tres enormes potencias políticas en que va a partirse, una vez radicalmente socializada y tecnificada la humanidad, toda la superficie del globo terráqueo. Bajo el mando de un Partido Unico, y en definitiva del hombre que dentro de ese Partido llaman “el Hermano Grande”, los habitantes de Ingsoc han llegado a perder, en cuanto personas, toda libertad y toda autonomía. Su vida se halla íntegramente ordenada al interés de la colectividad, mejor dicho, a lo que el Partido Unico y el Hermano Grande piensan y quieren que sea ese interés; lo cual ha sido posible en el año 1984 porque así lo permiten entonces las técnicas de gobierno de la conducta humana. Anímicamente transformado por obra de esas técnicas, ¿no vemos al final del relato, cómo Winston Smith, el último rebelde contra el Partido, el postrer sediento de libertad y autonomía personal en la vieja Inglaterra, llega incluso a amar al Hermano Grande? “La lucha había terminado y el triunfo era completo, definitivo, rotundo. Winston acaba de triunfar sobre mí mismo. Al fin amaba al Hermano Grande…”

Tres ingentes cuestiones históricas dibujan dramáticamente -no, no hay aspaviento alguno en este adverbio- bajo el tema, la trama y la anécdota de 1984: la relación entre la técnica y la naturaleza en general; las posibilidades de una manipulación técnica de la naturaleza humana; la influencia de la técnica sobre la política.

Mediante la técnica, el hombre gobierna la naturaleza. Mejor dicho: mediante la técnica va el hombre gobernando la naturaleza de una manera  cada vez más profunda y acabada. ¿Hasta dónde llegara en su empeño? Incoativamente desde los años finales del siglo XIII, de manera expresa desde el siglo XVIII, la respuesta es: ese empeño no tiene un “hasta dónde”, porque carece de límite, porque es ilimitado. Nadie sabe y nadie puede saber si para la técnica del hombre habrá algo que al fin sea absolutamente imposible. Dentro de esta rotunda convicción -ya tan acusada en la humanidad actual- se mueven y actúan los personajes de 1984.

Con todo, no es éste su principal problema, porque 1984 no es una novela de ciencia-ficción. Lo que verdaderamente les importa a ellos es el control técnico de las conductas individuales, y en último extremo el de la naturaleza humana. Con toda claridad lo dice O’Brien, uno de los miembros supremos del Partido: “A la vida la dominamos nosotros, Winston, en todos su aspectos. Se deja usted llevar por la idea de que existe la llamada naturaleza humana, la cual -cree usted-  acabará por reaccionar contra nosotros al ser vulnerada en sus leyes. Pero la naturaleza humana la creamos nosotros. El hombre es un ser infinitamente maleable. Si usted cree ser un hombre, Winston, considérese  como el último ejemplar de esa especie. A esa especie la hemos sucedido nosotros.”

Con estas palabras, O’Brian ha llegado al fondo mismo de la cuestión: “la naturaleza humana la creamos nosotros”. Terrible aserto. No, no se trata de una jactancia del personaje O’Brien o de un capricho expresivo de George Orwell, autor de ese personaje. Desde hace más de un siglo -desde que los hombres comenzaron a tomar plena conciencia de lo que son la historia y le técnica-, dos tesis contrapuestas acerca de la naturaleza humana circulan por el mundo. Según una, esa naturaleza, a través de las enormes novedades históricas que han convertido al homínido paleontológico en el hombre civilizado y culto del siglo XX, tendría un nervio constante e invariable. Primitivo, asirio, griego, medieval, romántico o astronauta, el hombre nunca deja de ser hombre, y esto hace que haya siempre algo permanente en su conducta; lo cual, claro está, nos plantea el nada leve problema del “qué” de esa radical y constante hominidad. ¿Qué es lo que realmente nos autoriza a equiparar, en cuanto “hombre”, al de Neandertal y a Alberto Einstein? Según otra, la naturaleza humana ha ido sufriendo y puede todavía sufrir cambios tan profundos y fundamentales, que son posibles, y lo irán siendo más y más en el futuro, modos de ser hombre -o superhombre- enteramente distintos de los que hasta ahora han aparecido sobre el planeta; con lo cual la expresión “naturaleza humana” no pasaría de ser una venerable antigualla, una superstición procedente de los tiempos en que la capacidad innovadora de la historia y la capacidad transformadora -o creadora- de la técnica no habían sido suficientemente descubiertas. Así lo piensan O’Brien y sus camaradas del Consejo del Partido, y sobre la utilización de ese pensamiento descansa su acción política. 

No, no se trata de una ocurrencia gratuita y fantástica de George Orwell. Las incipientes técnicas de la biología actual, ¿no permiten acaso entrever la posibilidad de una manipulación planeada de esas minúsculas estructuras orgánicas -los cromosomas- que dan su continuidad y su raíz corporal a la especie humana? Y los tan importantes experimentos neurofisiológicos de nuestro compatriota Rodríguez Delgado, ¿no llevan dentro de sí el esbozo de un posible control a distancia de la conducta del hombre? Sí: aunque nuestra especie siga siendo hasta su extinción -hasta el “fin del mundo”-especie humana, la posibilidad de que un día existan hombres más distintos de nosotros que nosotros de nuestros remotísimos abuelos de Olduvai Y Neandertal, es todo menos una fantasía. La cual nos conduce a la última de las tres enormes cuestiones antes apuntadas: la futura influencia de la técnica sobre la política. 

Si persistimos en la costumbre de llamar “hombres” a los mamíferos bípedos dotados de libertad en su intimidad y en su comportamiento, ¿será Winston Smith el último hombre? Las ciudades del futuro, ¿llegarán a ser, bajo el dominio de la técnica, cuadriculados hormigueros de unas hormigas bipedestantes y automatizadas? La inteligencia del hombre, ¿dejará un día de ser imaginativa y creadora, se limitará al simple ejercicio de entender que “dos y dos son cuatro” y de explicar científicamente cómo se forman las cordilleras y las células?

En el orden político y moral, una cosa es cierta: que, mediante su técnica -haya sido ésta la talla de un hacha de sílex o la construcción de una bomba de hidrógeno-, siempre el hombre puede hacer más de lo que debe hacer. Un hacha de sílex puede servir para cazar un venado o para abrir el cráneo de un semejante. La energía atómica puede emplearse para la guerra y la paz. Moralmente, la técnica es ambigua, y esta ambigüedad moral suya sería el rostro ético de ese “peligro” que en la esencia misma de la técnica ha visto el filósofo Heidegger. Mas la humanidad, aunque en tantas ocasiones haya hecho uso de su “poder” violando abiertamente las fronteras de su “deber”, ha seguido existiendo y progresando hasta ahora sin perder -al menos, contemplada en su conjunto- la conciencia de su interna libertad. Ese constituido “peligro” de la técnica, esa ominosa capacidad de destrucción o de transformación peyorativa que toda operación técnica lleva siempre consigo, queda expresadamente conjurada en la reflexión del filósofo Heidegger por dos luminosos versos del poeta Höderlin:

Pero donde está el peligro,
allí nace lo que salva.

El problema consiste en saber si las atrocidades de la historia contemporánea -guerras de exterminio, campos de concentración, cámaras de gas, frecuente reducción forzosa del discrepante al silencio- permiten o no permiten seguir lanzando al aire la fe y la esperanza que declaran esos dos veros de Hölderlin. ¿Qué nos dice a tal respecto esta novela de George Orwell? Tomada a la letra, su respuesta es: “No: Winston Smith termina amando al Hermano Grande.” Mas ya sabemos que el principal recurso expresivo del humor irónico -y éste es el talante psicológico y literario del autor de 1984- consiste en vituperar la vida con la palabra y en afirmarla con la intención, y por tanto en decir a la vez: “¡Qué cosa miserable y qué gran cosa es esto de ser hombre!” Lo cual nos lleva a afirmar que la verdadera respuesta de 1984 dice así: “Sí: de donde está el peligro, precisamente de allí nace lo que salva.”

Cazando un elefante






Libro argentino de 1955, Cazando un elefante, traducido en España como Matar a un elefante. El libro contiene también los siguientes textos de Orwell:

- El ajusticiamiento (traducido en España como Un ahorcamiento)
- Cómo mueren los pobres
- Lear, Tolstoi y el Tonto (traducido en España como Lear, Tolstoi y el Bufón)
- Política versus literatura: examen de los viajes de Gulliver. (Traducido en España como Política frente a literatura: un análisis de Los viajes de Gulliver)
- La política y el idioma inglés. (Traducido en España como La política y la lengua inglesa)
- Reflexiones acerca de Gandhi.
- Vicisitudes de la producción literaria.
- Reconsideraciones acerca de James Burnham. (Traducido en España como James Burnham y la Revolución de los directores).
-Escribo como quiero (Confesiones de un crítico de libros). (Traducido en España como Confesiones de un crítico literario)
- Libros versus cigarrillos.
- Buenos libros malos. (Traducido en España como Libros Malos buenos).
- Viniendo de Bangor. (Traducido en España como Bajando de Bangor).
- El espíritu deportivo. 
- La decadencia del asesinato inglés. (Traducido en España como El declive del crimen británico).
- Algunos pensamientos acerca del sapo común. (Traducido en España como Algunas reflexiones en torno al sapo común). 

George Orwell - Bibliografía

Sin blanca en París y Londres (1933)
También traducido como Mendigo en París y Londres

Los días de Birmania (1934)
También traducido como Días birmanos
La hija del clérigo (1935)
Que no muera la aspidistra (1936)
También traducido como Haced volar al Aspidistra
El camino de Wigan Pier (1937)
También traducido como Camino a Wigan Pier
Subir a por aire (1939)
Traducido también como Subiendo a por aire

Comparativa de la traducción de 1984 entre Rafael Vázquez y Miguel Temprano



A la izquierda, edición de Destinolibro, traducción de Rafael Vázquez Zamora.
A la derecha, edición de Debolsillo, traducción de Miguel Temprano García

Libro consultado en inglés. Nineteen Eighty-Four, Everyman's Library

Diferencias entre las dos traducciones:

Rafael Vázquez resulta más fiel al original. Respeta el nombre del partido, Ingsoc (en la edición inglesa, en mayúsculas INGSOC) mientras que Miguel Temprano lo traduce como “Socing”: 

Original en inglés_

“Down in the street the wind flapped the torn poster to and fro, and the word INGSOC fitfully appeared and vanished. Ingsoc. The sacred principles of Ingsoc. Newspeak, doublethink, the mutability of the past. He felt as though he were wandering in the forests of the sea bottom, lost in a monstrous world where he himself was the monster He was alone. The past was dead, the future was unimaginable. What certainty had he that a single human creature now living was on his side? And what way of knowing that the dominion of the Party would not endure for ever? Like an answer, the three slogans on the white face of the Ministry of Truth came back at him:

WAR IS PEACE
      FREEDOM IS SLAVERY
  IGNORANCE IS STRENGTH. 

Traducción de Rafael Vázquez:

Abajo, en la calle, el viento seguía agitando el cartel donde la palabra Ingsoc aparecía y desaparecía. Ingsoc. Los principios sagrados de Ingsoc. Neolengua, doblepensar, mutabilidad del pasado. A Winston le parecía estar recorriendo las selvas submarinas, perdido en un mundo monstruoso cuyo monstruo era él mismo. Estaba solo. El pasado había muerto, el futuro era inimaginable. ¿Qué certidumbre podía tener él de que ni un solo ser humano estaba de su parte? Y ¿cómo iba a saber si el dominio del Partido no duraría siempre? Como respuesta, los tres slogans sobre la blanca fachada del Ministerio de la Verdad, le recordaron que:

LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
  LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Traducción de Miguel Temprano:

En la calle, el viento movía el cartel roto de aquí para allá y la palabra “Socing” aparecía y desaparecía. Socing. Los sagrados principios del Socing. La nuevalengua, el doblepiensa, la mutabilidad del pasado. Se sintió como si estuviese recorriendo los bosques del fondo del mar, perdido en un mundo monstruoso donde él mismo era el monstruo. Estaba solo. El pasado estaba muerto, el futuro era inimaginable. ¿Qué certeza tenía de que se quedara una sola persona con vida de su parte? ¿Y cómo saber si el dominio del Partido no duraría eternamente? A modo de respuesta, los tres eslóganes en la blanca fachada del Ministerio de la Verdad le recordaron que:

LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
  LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Rafael Vázquez tradujo el neologismo”doublethink” como “doblepensar”. Miguel Temprano lo ha traducido como “doblepiensa”:

  • Even to understand the world “doublethink” involved the use of doublethink. 
  • Incluso comprender la palabra doblepensar implica el uso del doblepensar. (Rafael Vázquez)
  • Incluso la comprensión del término “doblepiensa” implicaba el uso del doblepiensa. (Miguel Temprano).

“Oldspeak” es traducido por Rafael Vázquez como “viejolingüística”. Miguel Temprano como “viejalengua”. 

Los textos de las tiras de papel que Winston examina en su puesto de trabajo han variado en las traducciones así:

Times 17.3.84 bb speech malreported Africa rectify. 

Times 19.12.83 forecasts 3 yp 4th quarter 83 misprints verify current issue

Times 14.2.84 miniplenty malquoted chocolate rectify

Times 3.12.83 reporting bb day order doubleplusungood refs unpersons rewrite fullwise upsub antefiling

Rafael Vázquez:

Times 17.3.84 discurso gh malregistrado africa rectificar

Times 19.12.83 predicciones plantrienal cuarto trimestre 83 erratas comprobar número corriente

Times 14.2.84 Minibundancia malicitado chocolate rectificar

Times 3.12.83 referente ordendía gh doblemásnobueno refs nopersonas reescribir completo someter antesarchivar


Miguel Temprano:

Times 17.3.84 discurso hm dato erróneo África rectifica
Times 19.12.83 previsiones cuarto trimestre pt 83 erratas verifica ejemplar actual
Times 14.2.84 minindancia cita equivocada rectifica chocolate
Times 3.12.83 informe ordendía hm doblemasmalo reos nopersonas reescribe tot enviaut antearchiva

Ejemplo de diferencias entre las traducciones:

‘Don’t you see that the whole aim of Newspeak is to narrow the range of thought? In the end we shall make touhghtcrime literally imposible, because there will be no words in which to express it. Every concept that can ever be needed will be expressed by exactly one word, with its meaning rigidly defined and all its subsidiary meanings rubbed out and forgotten. Already, in the Eleventh Edition, we’re not far from that point. But the process will still be continuing long after you an I are dead. Every year fewer and fewer words, and the range of consciousness always a little smaller. Even now, of course, there’s no reason or excuse for committing thoughtcrime. It’s merely a question of self-discipline, reality.control. But in the end there won’t be any need even for that. The Revolution will be complete when the language is perfect. Newspeak is Ingsoc  an Ingsoc is Newspeak, ‘he added with a sort of mystical satisfaction. ‘ Has it ever occurred to you, Winston, than by the year 2050, at the very latest, not a single human being will be alive who could understand such a conversation as we are having now?’

Miguel Temprano García:

- ¿No ves que el objetivo final de la nuevalengua es reducir el alcance del pensamiento? Al final conseguiremos que el crimen del pensamiento sea literalmente imposible, porque no habrá palabras con la que expresarlo. Todos los conceptos necesarios se expresarán exactamente con una palabra cuyo significado estará rígidamente definido y cuyos significados subsidiarios se habrán borrado y olvidado. En la undécima edición ya casi lo hemos conseguido. Pero el proceso tendrá que seguir cuando tú y yo hayamos muerto. Cada año habrá menos palabras y el rango de la conciencia será cada vez más pequeño. Por descontado que ahora tampoco hay razón o excusa para los crímenes mentales. Todo es cuestión de autodisciplina y control de la realidad. Pero al final no hará falta ni siquiera eso. La Revolución se habrá completado cuando el lenguaje sea perfecto. La nueva lengua es el Socing y el Socing es la nuevalengua -añadió con una especia de mística complacencia-. ¿Alguna vez te has parado a pensar que, en el año 2050, como muy tarde, no quedará con vida una sola persona capaz de entender una conversación como la que estamos teniendo ahora?

Rafael Vázquez:

- ¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental  si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre? Y en la onceava edición nos acercamos a ese ideal, pero su perfeccionamiento continuará mucho después de que tú y yo hayamos muerto. Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño. Por supuesto, tampoco ahora hay justificación alguna para cometer un crimen por el pensamiento. Sólo es cuestión de autodisciplina, de control de la realidad. Pero llegará un día en que ni esto será preciso. La revolución será completa cuando la lengua sea perfecta. Neolengua es Ingsoc e Ingsoc es neolengua -añadió con una satisfacción mística- ¿No se te ha ocurrido pensar, Winston, que lo más tarde hacia el año 2050, ni un solo ser humano podrá entender una conversación como ésta que ahora sostenemos?

La traducción de Miguel Temprano se acerca más a la original. Rafael Vázquez convierte en pregunta la afirmación “Every concept that can ever be needed will be expressed…”, ¿cómo puede haber crimental  si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre?

La palabra en neolengua “duckspeak” en la traducción de Rafael Vázquez se presenta como “pathablar, o sea, de modo que recuerda el cuac-cuac de un pato. Es una de esas palabras interesantes que tienen dos sentidos contradictorios. Aplicada a un contrario , es un insulto, aplicada a alguien con quien estés de acuerdo, es un elogio”.  En la traducción de Miguel Temprano se traduce como “grazbla, graznar como un pato.” “Facecrime” es traducido por Rafael Vázquez como “Caracrimen”, en la traducción de Miguel Temprano como “Crimenfacial”. La inseminación artificial, “Artsem” en el original, Rafael Vázquez la tradujo como “Semart”, Miguel Temprano como “Insemart”. 

Los versos cantados en la telepantalla:

Under the spreading chestnut tree
I sold you and you sold me:
There lie they, and here lie we
Under the spreading chestnut tree.

Rafael Vázquez:

Bajo el Nogal de las ramas extendidas
yo te vendí y tu me vendiste.
Allí yacen ellos y aquí yacemos nosotros.
Bajo el Nogal de las ramas extendidas.

Miguel Temprano:

Bajo las ramas del castaño
te vendí y me vendiste:
ahí están, y aquí estamos
bajo las ramas del castaño. 

Otro ejemplo de traducción diferente:

Freedom is the freedom to say that two plus two make four. If that is granted, all else follows. (pagina 84)

Rafael Vázquez:

La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados. 

Miguel Temprano:

La libertad consiste en poder decir que dos y dos son cuatro. Admitido esto, se deduce todo lo demás. 

Al comienzo del capítulo VIII Orwell escribió “He had walked several kilometres over pavements, and his varicose ulcer was throbbing. This was the second time in three weeks that he had missed an evening at the Community Centre…” Rafael Vázquez lo tradujo como “ Era la segunda vez en tres semanas que no había llegado a tiempo a una reunión del Centro Comunal…” Miguel Temprano atina más y lo ha traducido como “Era la segunda vez en tres semanas que no asistía por la tarde al Centro Comunitario…” Como vemos, hay una gran diferencia entre “no llegar a tiempo” y no asistir. Aquí aparece otro neologismo, ownlife, en donde coinciden ambos traductores con “vidapropia”, que significa individualismo y excentricidad. 

Las bombas volantes, inspiradas seguramente en las V1 y V2 alemanas, que Orwell llamó “Steamer”, fue traducido por Rafael Vázquez como “El vapor”, mientras que Miguel Temprano opta por “Olla a presión”. No tengo muy claro si las ollas a presión eran populares cuando Orwell escribió su novela. En todo caso, creo que es más exacto referirse a un cohete como “Olla a presión” que como “El vapor”. Efectivamente, en inglés “Steamer” se refiere lo mismo a un barco a vapor que a una olla a presión. 

En uno de los pasajes más célebres de la novela, cuando Winston acude a una tienda de antigüedades, el tendero se para delante de una lámina con un marco de “palisandro”, en traducción de Miguel Temprano. En el original aparece la palabra “rosewood”. Rafael Vázquez los tradujo como “enmarcada en palo rosa”. 

Ya en la parte segunda del libro, en el primer capítulo, cuando Winston acude al comedor comunitario, es invitado a sentarse junto a un joven. Orwell define al joven como “A blond-headed, silly-faced young man named Wilsher”. “The silly blond face beamed into his”. Rafael Vázquez lo tradujo como “rostro beatífico”. Miguel Temprano ha utilizado el sinónimo  “arrobado”. 

En el siguiente capítulo encontramos una traducción muy diferente. Es probablemente el párrafo que más se ha modificado en la traducción:

“Winston picked his way up the lane through dapple light and shade, stepping out into pools of gold wherever the boughs parted. Under the trees to the left of him the ground was misty with bluebells. The air seemed to kiss one’s skin. It was the second of May. From somewhere deeper in the heart of the wood came the droning of ringdoves.”

Miguel Temprano lo ha traducido íntegro:
“Winston recorrió el camino moteado de luces y sombras, atravesó charcos de oro allí donde se apartaban las ramas. Debajo de los árboles, a su izquierda, el terreno estaba cubierto de campanillas azules. El aire parecía besarle la piel. Estaban a 2 de mayo. Del corazón del bosque llegaba el arrullo de las palomas torcaces”. 

 Sin embargo, Rafael Vázquez omitió varios pasajes:

“Winston emprendió la marcha por el campo. El aire parecía besar la piel. Era el segundo día de mayo. Del corazón del bosque venía el arrullo de las palomas. Era un poco pronto. El viaje no le había presentado dificultades y la muchacha era tan experimentada que le infundía a Winston una gran seguridad”.

Rafael Vázquez llama “pájaro” a lo que Orwell llamó “thrush” y que finalmente Miguel Temprano ha traducido como “zorzal”. 

En el capítulo III de la segunda parte encontramos otro párrafo que ha sufrido diferentes traducciones:

They were passing in silence down a side-street (Julia would never speak when they wee away from the main streets) when there was a deafening roar, the earth heaved and the air darkened, and Winston found himself lying on his side, bruised and terrified. A rocket bomb must have dropped quite near at hand. Suddenly he became aware of Julia’s face a few centimeters from his own, deathly white, as white as chalk. Even her lips were white. She was dead! He clasped her against him and found that he was kissing a live warm face. But there was some powdery stuff that got in the way of his lips. Both of their faces were thickly coated with plaster. 

“Pasaban en silencio por una calle (Julia nunca hablaba cuando estaban lejos de las calles principales) y en ese momento oyeron un ruido ensordecedor, la tierra tembló y se oscureció la atmósfera. Winston se encontró tendido al lado de Julia, magullado y con un terrible pánico. Una bomba cohete había estallado muy cerca. De pronto se dio cuenta de que tenía junto a la suya la cara de Julia. Estaba palidísima, hasta los labios los tenía blancos. No era palidez, sino una blancura de sal. Winston creyó que estaba muerta. La abrazó en el suelo y se sorprendió de estar besando un rostro vivo y cálido. Es que se le había llenado la cara del yeso  pulverizado por la explosión. Tenía la cara completamente blanca. (Rafael Vázquez)

“Estaban pasando en silencio por un callejón (Julia jamás hablaba si se hallaban lejos de las calles principales) cuando se oyó un estruendo ensordecedor, la tierra tembló y el aire se oscureció. Winston cayó de lado, magullado y muerto de miedo. Una bomba volante debía de haber caído cerca. De pronto vio a Julia a unos pocos centímetros mortalmente pálida y blanca como la pared. Hasta tenía lívido los labios. ¡Estaba muerta! La abrazó y comprobó que estaba besando una cara viva y cálida. No obstante, una sustancia pulverulenta se interpuso entre sus labios: los dos tenían el rostro cubierto de yeso.” (Miguel Temprano)

Como se lee en el original, “Both of their faces”, es decir, ambos tenían la cara cubierta de yeso. Pero Rafael Vázquez decidió que solo tenía la cara manchada de yeso Julia. También hay una ligera diferencia entre “pensar que Julia estaba muerta” a “estar muerta”. Como se ve en el original, dice claramente “She was dead!”. 

Un poco más adelante:

“I’ve been at school too, dear. Sex talks once a month for the over-sixteens. And in the Youth Movement. They rub it into you for years. I dare say it works in a lot of cases. But of course you can never tell; people are such hypocrites.”

“Querido, también yo he estado en la escuela. A las mayores de dieciséis años les dan conferencias sobre temas sexuales una vez al mes. Y luego, en el Movimiento Juvenil, no dejan de grabarle a una esas estupideces en la cabeza. En muchísimos casos da resultado. Claro que nunca se tiene la seguridad porque la gente es tan hipócrita…” (Rafael Vázquez)

“Yo también he ido a la escuela, cariño. Charlas de sexo una vez al mes para las alumnas de más de dieciséis años. Y en el Movimiento Juvenil. Te lo restriegan durante años. Casi seguro que funciona en muchos casos. Aunque, claro, nunca se sabe, la gente es muy hipócrita.” (Miguel Temprano)

“The unorthodoxy of his opinions”, es traducido literalmente por Miguel Temprano como “la heterodoxia de sus opiniones” mientras que Rafael Vázquez optó por “lo herético de sus opiniones”. 

En el capítulo IV encontramos otra diferencia en la traducción:
In the fender was a battered tin oilstove, a saucepan and two cups, provided by Mr Charrington.
Traducción de Rafael Vázquez:
En el hogar de la chimenea había una desvencijada estufa de petróleo, una sartén y dos copas, todo ello proporcionado por el señor Charrington. 

Miguel Temprano:
En la rejilla de la chimenea había un infiernillo abollado, un cazo y dos tazas, que les había proporcionado el señor Charrington. 

Un poco más adelante:

‘Rats!’ Murmured Winston. ‘In this room!’
‘They’re all over the place,’ said Julia indifferently as she lay down again. ‘We’ve even got them in the kitchen at the hostel. Some parts of London are swarming with them. Did you know they attack children? Yes, they do. In some of these streets a woman daren’t leave a baby alone for two minutes. It’s the great huge brown ones that do it. And the nasty thing is that the brutes always—‘
Rafael Vázquez:

-¡Ratas! -murmuró Winston-. ¿Hay ratas en esta habitación?
- Todo está lleno de ratas -dijo ella en tono indiferente mientras volvía a tumbarse-. Las tenemos hasta en la cocina de nuestro hotel. Hay partes de Londres en que se encuentran por todos lados. ¿Sabes que atacan a los niños? Sí, en algunas calles de los proles las mujeres no se atreven a dejar a sus hijos solos ni dos minutos. Las más peligrosas son las grandes y oscuras. Y lo más horrible es que siempre…

Miguel Temprano:

-¡Ratas! -murmuró Winston-. ¡En esta habitación!
-Están por todas partes -respondió Julia con indiferencia mientras volvía a acostarse-. Nosotras tenemos hasta en la cocina del albergue. Hay barrios de Londres que están invadidos. ¿Sabías que atacan a los niños? Pues sí. Hay calles donde a ninguna mujer se le ocurriría dejar a un bebé ni un par de minutos. Las pardas son las peores. Y lo malo es que las muy asquerosas…

En el capítulo V:

He had dragged out from the corners of his memory some more fragments of forgotten rhymes. There was one about  four-and-twenty blackbirds, and another about a cow with a crumpled horn, and another about the death of poor Cock Robin. 
Rafael Vázquez:

Algunas veces, se sacaba de los desvanes de su memoria algunos polvorientos retazos de canciones olvidadas. Había una sobre veinticuatro pájaros negros y otra sobre una vaca con un cuerno torcido y otra que relataba la muerte del pobre gallo Robin. 

Miguel Temprano:

Había rescatado del fondo de su memoria más fragmentos de cancioncillas olvidadas. Había una sobre veinticuatro mirlos, otra sobre una vaca con el cuerno roto y otra sobre la muerte del pobre petirrojo. 

Capítulo IX:

On a scarlet-draped platform an orator of the Inner Party, a small lean man with disproportionately long arms and a large bald skull over which a few lank locks straggled, was haranguing the crowd. A little Rumpelstiltskin figure, contorted with hatred, he gripped the neck of the microphone with one han while the other, enormous at the end of a bony arm, clawed the air menacingly above his head. His voice, made metallic by the amplifiers, boomed forth an endless catalogue of atrocities, masacres, deportations, lootings, rapings, torture of prisioners, bombing of civilians, lying propaganda, unjust aggressions, broken treaties. 

Rafael Vázquez:

En una plataforma, un hombre delgaducho y bajito con unos brazos desproporcionadamente largos y un cráneo grande y calvo con unos cuantos mechones sueltos atravesados sobre él, arengaba a la multitud. La pequeña figura, retorcida de odio, se agarraba al micrófono con una mano mientras que con la otra, enorme, al final de un brazo huesudo, daba zarpazos amenazadores por encima de su cabeza. Su voz, que los altavoces hacían metálica, soltaba una interminable sarta de atrocidades, matanzas en masa, deportaciones, saqueos, violaciones, torturas de prisioneros, bombardeos de poblaciones, agresiones injustas, propaganda mentirosa y tratados incumplidos. 


Miguel Temprano:
Desde una tribuna forrada de escarlata un orador del Partido Interior, un hombrecillo flaco con brazos desproporcionadamente largos y un cráneo grande y calvo con algunos mechones lacios de cabello, estaba arengando a la multitud. La pequeña figura a lo Rumpelstilskin, convulsionada por el odio, sujetaba el micrófono con una mano mientras la otra, gigantesca al extremo del brazo huesudo, arañaba amenazadoramente el aire por encima de su cabeza. Su voz, que sonaba metálica por culpa de los amplificadores, enumeraba a gritos un inacabable catálogo de las atrocidades, las masacres, las deportaciones, los saqueos, las violaciones, las torturas a los prisioneros, los bombardeos de civiles, la propaganda insidiosa, las agresiones injustificadas y los tratados incumplidos. 

Como vemos, Rafael Vázquez optó por eliminar a Rumplestilskin (personaje de un cuento de hadas alemán). Miguel Temprano lo ha mantenido. Para Vázquez “los altavoces hacían metálica” su voz, mientras que para Temprano su voz “sonaba metálica por culpa de los amplificadores”. 

Parte Tercera, Capítulo I:

There was bribery, favoritism and racketeering of every kind.

Rafael Vázquez:

Había allí soborno, favoritismo e inmoralidades de toda clase.

Miguel Temprano:

Había sobornos, favoritismo y chanchullos de todo tipo. 


Tercera parte

Capítulo I:

‘These things happen’, he began vaguely. ‘I have been able to recall one instance - a possible instance. It was an indiscretion, undoubtedly. We were producing a definite edition of the poems of Kipling. I allowed the word “God” to remain at the end of a line. I could not help it!’ He added almost indignantly, raising his face to look at Winston. ‘It was impossible to change the line. The rhyme was “rod”. Do you realize that there are only twelve rhymes to “rod” in the entire language? For days I had racked my brains. There was no other rhyme. (Página 242)

Rafael Vázquez:

Estas cosas suelen ocurrir -empezó vagamente-. A fuerza de pensar en ello, se me ha ocurrido que pudiera ser… fue desde luego una indiscreción, lo reconozco. Estábamos preparando una edición definitiva de los poemas de Kipling. Dejé la palabra Dios al final de un verso. ¡No pude evitarlo! -añadió casi con indignación, levantando la cara para mirar a Winston-. Era imposible cambiar ese verso. God (Dios) tenía que rimar con rod. ¿Te das cuenta de que sólo hay doce rimas para rod en nuestro idioma? Durante muchos días me he estado arañando el cerebro. Inútil, no había ninguna otra rima posible. (pag 226)

Miguel Temprano:

Estas cosas ocurren… -empezó vagamente-. He podido recordar una razón… una posible razón. Fue una indiscreción, sin duda. Estábamos preparando la edición definitiva de los poemas de Kipling y dejé la palabra “Dios” al final de un verso. ¡No pude evitarlo! -añadió casi indignado al tiempo que alzaba la vista para mirar a Winston-. Era imposible cambiarlo. El verso tenía que rimar con “dos”. ¿Sabes cuántas palabras riman con dos? Estuve días devanándome los sesos. No había otra posibilidad. 

“The piece of bread still lay where the chinless man hat dropped it” (página 250). “Chinless man” fue traducido por Rafael Vázquez como “individuo de cara ratonil” (página 233). Miguel Temprano lo tradujo literalmente como “el hombre sin mentón” (pagína 253. 

Capítulo II:

Although the pain had brought the sweat out on his forehead… (página 257)

Rafael Vázquez: Aunque el dolor le hacía sudar por la frente… (página 239)

Miguel Temprano: El dolor le había perlado la frente de sudor… (página 260)

Capítulo III:

Do you know that you stink like a goat? (página 285)

Rafael Vázquez: ¿Sabes que hueles como un macho cabrío? (página 265)

Miguel Temprano: ¿Sabes que hueles como un cerdo? (página 287)

Capítulo IV:

He set to work to exercise himself in crimestop. He presented himself with propositions -‘the Party says the earth is flat’, ‘the Party says that ice is heavier than water’. And trained himself in not seeing or not understanding the arguments that contradicted them.  (Página 291)

Rafael Vázquez: Se entrenó en el paracrimen. Se planteaba proposiciones como éstas: “El Partido dice que la tierra no es redonda”, y se ejercitaba en no entender los argumentos que contradecían a esta proposición. (Página 272)

Miguel Temprano: “Decidió ejercitarse en el antecrimen. Formuló varias proposiciones -“El Partido afirma que la Tierra es plana”, “El Partido dice que el hielo pesa más que el agua”- y se esforzó en no ver o entender los argumentos que las contradecían. (Página 294).

Capítulo VI:

The Chestnut Tree was almost empty. A ray of sunlight slanting through a window fell yellow on dusty table-tops. It was the lonely hour of fifteen. A tinny music trickled from the telescreens. (Página 300)

Rafael Vázquez: El Nogal estaba casi vacío. Un rayo de sol entraba por una ventana y caía, amarillento, sobre las polvorientas mesas. Era la solitaria hora de las quince. Las telepantallas emitían una musiquilla ligera. (Página 281)

Miguel Temprano: El Café del Castaño estaba casi vacío. Un oblicuo rayo de sol se colaba amarillento por la ventana y caía sobre las mesas polvorientas. Eran las solitarias quince horas. Las telepantallas emitían música enlatada. (Página 304)

He even had a job, a sinecure, more highly-paid than his old job had been. (Página 302)
Rafael Vázquez: Le habían dado un cargo, una ganga donde cobraba mucho más que en su antigua colocación. (Página 282)

Miguel Temprano: Incluso tenia un trabajo, una sinecura mejor pagada que su antiguo empleo. (Página 305)